Cae la noche y aparece la compañera que la ilumina y es testigo de lo que bajo ella sucede, una radiante y coqueta luna que será testigo de lo que esta noche viviremos en un recorrido con una de las patrullas de la Policía que hace el cuarto turno en la ciudad de Villavicencio -8pm a 4am.
Estaremos a bordo de una panel comandada por un sub-teniente, a bordo de ella, un agente conductor, un sub-intendente y un patrullero, estos hombres serán los encargados esta noche de estar atentos a los llamados de la ciudadanía y a actuar en contra de cualquiera que pretenda desestabilizar el orden y la tranquilidad en las calles de la ciudad.
Vamos a la caza de quienes viven la noche en la luna, pues las drogas y el alcohol son el ingrediente para que esta se convierta en cómplice de aquellos residentes de la penumbra en donde la soledad se convierte en caldo de cultivo para sumergirse en el bajo mundo del hampa y la delincuencia; aunque en otros casos son simplemente infractores pasajeros de pequeñas normas, que de igual manera la ley debe contrarrestar.
Raúl, 30 años de edad, 5 ingresos a la cárcel de
Villavicencio por porte de drogas, hurto y homicidio; con este personaje nos encontramos en una de las llamadas “ollas”, más específicamente en la del barrio Santa Fe, su actitud sospechosa a altas horas de la noche por ese sector hace que la patrulla lo requiera, aunque por radioteléfono una voz femenina nos da cuenta de su temible prontuario, eso “hace parte de su pasado” dice Él, así que se le hace la requisa de rutina, pero esta vez, Raúl, puede seguir su camino, con el permiso de los policiales.
Mientras cerramos las puertas de la patrulla, de nuevo la voz femenina, a través del radio anuncia una riña, en un barrio aledaño, Santa Helena. Al llegar a la dirección, el público presente en la escena nos recibe con sus miradas, como reclamando más celeridad, se trata de una riña familiar, la típica escena del esposo borracho que golpea a su esposa; el subteniente entra con el patrullero, mientras sus dos compañeros esperan en la patrulla, la violencia del “señor” de la casa, hace que haya que conducirlo al permanente central, allí, seguramente la soledad y el frio de la madrugada lo harán reflexionar, si su esposa no interpone denuncia alguna, al otro día estará de nuevo en su casa.
Salimos de nuevo a la calle, ya son las 2:30 de la mañana y parece que los que viven en la luna, hoy prefirieron observarla desde sus casas, el resto del cuarto turno transcurre en normalidad y a las 3:50 de la mañana regresamos a nuestra base, sanos y salvos, con el deber cumplido y listos para el descanso merecido.
Estaremos a bordo de una panel comandada por un sub-teniente, a bordo de ella, un agente conductor, un sub-intendente y un patrullero, estos hombres serán los encargados esta noche de estar atentos a los llamados de la ciudadanía y a actuar en contra de cualquiera que pretenda desestabilizar el orden y la tranquilidad en las calles de la ciudad.
Vamos a la caza de quienes viven la noche en la luna, pues las drogas y el alcohol son el ingrediente para que esta se convierta en cómplice de aquellos residentes de la penumbra en donde la soledad se convierte en caldo de cultivo para sumergirse en el bajo mundo del hampa y la delincuencia; aunque en otros casos son simplemente infractores pasajeros de pequeñas normas, que de igual manera la ley debe contrarrestar.
Raúl, 30 años de edad, 5 ingresos a la cárcel de
Villavicencio por porte de drogas, hurto y homicidio; con este personaje nos encontramos en una de las llamadas “ollas”, más específicamente en la del barrio Santa Fe, su actitud sospechosa a altas horas de la noche por ese sector hace que la patrulla lo requiera, aunque por radioteléfono una voz femenina nos da cuenta de su temible prontuario, eso “hace parte de su pasado” dice Él, así que se le hace la requisa de rutina, pero esta vez, Raúl, puede seguir su camino, con el permiso de los policiales.Mientras cerramos las puertas de la patrulla, de nuevo la voz femenina, a través del radio anuncia una riña, en un barrio aledaño, Santa Helena. Al llegar a la dirección, el público presente en la escena nos recibe con sus miradas, como reclamando más celeridad, se trata de una riña familiar, la típica escena del esposo borracho que golpea a su esposa; el subteniente entra con el patrullero, mientras sus dos compañeros esperan en la patrulla, la violencia del “señor” de la casa, hace que haya que conducirlo al permanente central, allí, seguramente la soledad y el frio de la madrugada lo harán reflexionar, si su esposa no interpone denuncia alguna, al otro día estará de nuevo en su casa.
Salimos de nuevo a la calle, ya son las 2:30 de la mañana y parece que los que viven en la luna, hoy prefirieron observarla desde sus casas, el resto del cuarto turno transcurre en normalidad y a las 3:50 de la mañana regresamos a nuestra base, sanos y salvos, con el deber cumplido y listos para el descanso merecido.

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