viernes, 7 de agosto de 2009

NO HABLE POR CELULAR EN LUGARES PÚBLICOS

COLUMNA DE: Lorena Parodi

Los ladrones de celular no tienen tan fácilmente años de prisión, les voy a contar por qué:
El sábado 25 de Julio, en el Juzgado Tercero Municipal por la mañana, en Audiencia Pública se procedía a juzgar a Luis Eduardo Guerrero presunto implicado en el hurto de un celular.
Se le acusaba del atraco con arma blanca a una señora que se encontraba transportándose en un bus y a la que le sustrajo su móvil.

El Señor Luis Eduardo Guerrero aunque sea bufón, tiene derecho a rebaja de penas, que según la justicia se estipulan así: Si confiesa su delito en Audiencia Pública y reconoce que hurtó el celular y atracó con arma blanca, tiene un descuento del 50% sobre la condena. como el resultado de este descuento de penas es por ley excarcelable, a este Señor solo le corresponde indemnizar a la víctima con la suma de 200 Mil pesos, condena irrisoria para el riesgo que corremos todos los individuos que como yo, hablamos por la calle esperando la llamada de una buena oferta de trabajo, aquellos que no esperan un lugar mas seguro para contestarle al jefe intenso, a la novia o mamá desesperada por saber el paradero de sus hijos etc.

Bueno Señores, en este país donde la Justicia tiene todo tipo de negociaciones legales es mejor ser más precavido, o es que acaso Luis Eduardo Guerrero es el único que tiene rebajas de penas por confesión? Pues no!! recuerden Ustedes a la Señora Karina que por entregarse y dejar las FARC, tuvo rebaja de penas y mucho más. Hasta un buen trabajo consiguió. Creo, que anda trabajando disque por la paz. ¿ Y donde me dejan al ex guerrillero que vive en París aprendiendo francés? Este también negoció muy bien, se trajo consigo a un secuestrado por lo que obtuvo también su rebaja de penas, en fin, la lista es muy larga de aquellos que hoy como Luis Eduardo Guerrero por ley están libres, pero mientras los Códigos y las Leyes en nuestro país funcionen de esta forma tan flexible, es mejor guardar su celular, no hablar en lugares públicos, hacer esperar a quien sea (así sea el jefe ) y buscar un lugar seguro para que no nos sorprendan los colegas de Luis Eduardo Guerrero que también como Él, negociaron rebajas y están libres para trabajar nuevamente en el hurto de celulares, labor muy común en buses, trans milenios y calles concurridas de la Capital de la República.
Después no digan que no se lo advertí…

domingo, 2 de agosto de 2009

LAS PERSONAS DESPLAZADAS FRENTE A LA LIBERTAD DE EXPRESIÒN, HONRA, BUEN NOMBRE, INTIMIDAD, INJURIA Y CALUMNIA


Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Artículo 15 de la Constitución Política de Colombia: Todas las personas tienen derecho al buen nombre”

Artículo 20 de la Constitución Política de Colombia: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, la de fundar medios masivos de comunicación.
“Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”

El morochito Carlos Lucumì es una persona que con solo quinto de educación elemental se considera víctima del desplazamiento forzado…una mirada brillante, una expresión verbal fluida y genuina y su carrito de reciclaje usado también para venta de cachivaches lo hacen embajador en Bogotá de la población del Chalo Cauca.

Embajador de quilates intelectuales, lector consumado llega a Bogota hace 8 años porque necesita ganar plata, para “ayudar a mi familia, para ayudar a mi pueblo”

Cuando ve la cámara de TV de la REVISTA LUNA dice sin rodeos “me da pena que me vean la cara, si voy a salir al aire no me comprometo, aun cuando sé, que la ley no vale para nada”.

Hacemos un pacto de caballeros y bajo este compromiso se realiza un dialogo franco y fluido de este hombre que también lee “el libro”. Carlos cree en Dios como en sí mismo por que el desplazamiento no es únicamente por la guerra, también se da por la pobreza, por la búsqueda de oportunidades.

“La autoridad siempre abusa de mi, dado que no tengo documentos, trabajo hasta que me canso para ganarme $ 10.000 o 20.000 por día… y duermo en mi carrito”

“Sé que todo mal momento pasa”

Para Lucumì “desplazamiento es irse a las malas del lugar de origen”, ayuda al que necesita (más que él) con algún bocado.

“No engaño a nadie, por que el engañado no es al que aparentemente uno engaña…sino uno mismo”

Alguna vez se metió su cachito, claramente no es adicto aun cuando cree en la libertad de consumo, pues inclusive dentro del libre desarrollo de la personalidad esas limitaciones van contra la libertad de expresión, que no es solo la de hablar.


LECCIONES DEL PROFESOR LUCUMÌ

El análisis que la REVISTA LUNA realiza sobre “libertad de expresión, honra, buen nombre, intimidad, injuria y calumnia” parten de un documento elaborado por “Casa Editorial El Tiempo” para fines didácticos.

El entrevistado deja en claro desde el principio su derecho al buen nombre, pues no quiere que en su pueblo lo vean en su actual condición.

Sin embargo diariamente, prensa, radio y televisión en nuestros medios abusan de la condición humana para vender sus contenidos “amarillos”.

Los principales medios al mostrar la salida de los 2.000 desplazados del Parque Tercer Milenio se valen de las caras de niños, hombres y mujeres llenos de necesidades.

Un Código de Ética Periodística y un usuario de los medios de comunicación, consecuente con la Carta Universal de los Derecho Humanos, debiera rechazar este tipo de fotografías y videos….

Tal como lo hace Carlos Lucumì,, quien no quiere fotos ni videos, ni para él ni para nadie en su ética de quinto de primaria y de habitante de la calle .

El documento de la referencia tiene dentro de las concepciones de la libertad de expresión el “libre mercado de las ideas”.

En una sana concepción de los derecho humanos no hay transacciones, y tocaría preguntar hasta donde estos encuadran en un libre mercado de ideas..

“El mal momento pasa” recalca el Profesor Lucumì, y el desplazamiento o la exclusión le puede pasar a cualquier ser humano.

La libertad de expresión y su respeto no justifica que un particular o un medio de comunicación en el libre mercado de las ideas muestre el rostro reconocido de la miseria, pues ese puede ser perfectamente el caso de uno mismo o de un familiar, a la luz de los derecho humanos, que no pueden ser subyugados por el cuarto poder.

El caso de este desplazado que no conoce bien el texto analizado, pero que sin ni siquiera leerlo, reclama el Derecho al Buen Nombre, exige el respeto y nos invita a reflexionar sobre lo que acontece en el parque el milenio, existe una información periodística veraz para la población, Carlos Lucumi con su olfato de desplazado con experiencia, nos advierte de la dudosa presencia de personal no desplazado que se integra en el parque para aprovechar los beneficios de la ley, ¿todos son desplazados señores? Lucumi con claridad nos cuenta que existen los aprovechados ¿todo lo que se anuncia y leemos, vemos en los medios periodísticos es totalmente cierto? ¿Existe una investigación profunda libre del inmediatismo de la noticia? La veracidad, el periodista debe hacer un esfuerzo razonable para garantizar el equilibrio informativo y no presentar los hechos de manera tan ligera sin una investigación profunda que afecte las verdad de los acontecimientos noticiosos.
Finalmente Locumi hoy en día a pesar de ser desplazado conserva el derecho a su intimidad, no desea salir en ningún noticiero y solicito a la REVISTA LUNA, conservar sus imágenes solo para objetivos académicos; Él puede elegir, cosa muy distinta le sucede a los desplazados que se encuentran en el parque del milenio, ellos son fotografiados y grabados en sus labores mas intimas para ser noticia actual, en periódicos y medios televisivos.

Carpeta de los recuerdos*

REELECIÓN...DESINFORMACIÓN...OBJETIVIDAD...

Como en muchos países, en el nuestro, impera el desconocimiento de la norma de normas, factor que es aprovechado por tirios y troyanos cuando del pueblo surge idea alguna que no haya sido consultada y bendecida por las clases dominantes del país. Florecen por doquier los especialistas cuyos comentarios desinforman y tienden a confundir al ciudadano de a pie. A aquel que sólo le bastaría hacer un repaso por nuestra Carta Magna para encontrar las bondades que le ofrece y que algunos, con sus comentarios tendenciosos, buscan confundirlo y desorientarlo y, de paso a la ciudadanía en general.

Nuestra Constitución Política consagra que somos un Estado de derecho; una Republica democrática donde prevalece el interés general. El derecho a presentar peticiones a las autoridades, a tomar parte en todas las formas de participación democrática y, tener iniciativa en las corporaciones públicas, está garantizado. Entre los deberes y obligaciones que tenemos está, el de participar en la vida política, cívica y comunitaria del país. Fue sabio el legislador cuando autorizó la participación democrática mediante el accionar de varios mecanismos. Y a uno de esos mecanismos, la iniciativa popular legislativa, reglamentada por la Ley 134 de 1994, acudió un grupo de ciudadanos para presentar un proyecto de Acto Legislativo ante el Congreso de la República para que sea debatido, aprobado, modificado o negado. Este proceso de reforma constitucional busca que el Artículo 197 constitucional no sea restrictivo y que un presidente de la Republica pueda ser elegido por más de dos veces. Y justamente aquí es donde se disparan las alarmas y aparecen columnistas, comentaristas, políticos, detractores del actual gobierno y muchos opinadores oportunistas que, haciendo aseveraciones infundadas, aseguran que el gobierno se desestabilizará; que el primer mandatario se quiere perpetuar en el poder, que quiere volverse un dictador. Muchos recurren al improperio para manifestarse en contra de lo que denominan desde ya una inoportuna reelección presidencial al sentir que la hecatombe se les vino encima.

No señores. Esta es la inquietud de unos ciudadanos que acuden al mecanismo constitucional de la iniciativa popular para reformar un artículo que permita a un primer mandatario proyectar en el tiempo planes y propósitos para un continuo desarrollo del país. Y será, al final, el ciudadano – al que hoy sin éxito pretenden confundir - quien elija o reelija sus gobernantes.

Ha evidenciado el pueblo y particularmente los jóvenes, dinámicos e irreverentes que decidieron en días pasados romper el circulo vicioso de la indiferencia y la pasividad de nosotros los mayores, que la demostración de madurez expresada permitirá que las determinaciones que tomará en las urnas serán responsables y, que en un país donde no hay que pedir permiso para hacer política y en el cual tampoco existe lugar vedado para ejercerla, acudirá al mecanismo constitucional de la revocatoria del mandato si el elegido no responde a las expectativas de su discurso.

Basta de alarmarse y, que sirva esta iniciativa popular como incentivo a todos aquellos que quieran emular al único potencial candidato - que hoy se encuentra inhabilitado para presentarse a una nueva elección – para que expresen sus propósitos ante un pueblo que llega a la mayoría de edad política y que ha recibido una lección de gobierno, que le permitirá sopesar las iniciativas y promesas por escuchar para decidirse por una mejor opción.

Entonces señores, no queda otra alternativa que dedicarse a planear estrategias para evitar la hecatombe, que no es propiamente la iniciativa popular legislativa, presentándole al pueblo colombiano unas propuestas serias y posibles para los tiempos venideros que todos anhelamos prósperos y en paz.

* Éste artículo fue escrito cuando se empezaba la recolección de firmas para presentar un proyecto de Acto Legislativo y el Presidente hablaba de hecatombe.
José Vicente Mogollón

Carpeta de recuerdos* UNA MARCHA, UNA REFLEXIÓN, UN MENSAJE

El día lunes 4 de febrero, pensaba que para conocer la profundidad del mar debería sumergirme en él; para gozar el carnaval tenía que vivirlo y, para entender el significado de la marcha, tenía que caminar, y así lo hice. Y lo hice observando hasta el mínimo movimiento de la masa y el menor gesto del marchante, nacional o extranjero. Encontré el espacio y el tiempo propicio para la reflexión y, sin dejar volar la imaginación, sumido en cuerpo y alma en la corriente humana que me llevaba sin saber adonde, disfrutaba del hálito que refrescaba la generosidad del astro rey que recargaba las energías de aquellos caminantes unidos por las manos y sus pensamientos y que desde el fondo de sus corazones enviaban un mensaje al país, al mundo y seguramente al universo. Y sentí que era claro y contundente, fuerte y enérgico, era una expresión sin odio - de rechazo sí - pero sin ojeriza. Las consignas parecían más el coro de una moderna canción, canción a la paz y a la libertad, canturreada por voces de aquellos que hoy no sienten temores, vergüenzas o penas y que un buen día decidieron emanciparse, cortar ese cordón umbilical que los unía a la pasividad. Resolvieron salir del closet donde los mayores hemos permanecido por las últimas décadas escondiéndonos de la barbarie y de la violencia siendo silentes testigos y, con esa actitud, cómplices insólitos de la corrupción imperante que dentro del estamento corroe las fibras de una sociedad que no les ofrecía futuro. Son los jóvenes, dinámicos e irreverentes, que decidieron entonces - muchos sin llegar a la mayoría de edad - romper el círculo vicioso de la indiferencia de las clases sociales acomodadas soterradamente a la espera de que el gobernante de turno, generalmente en solitario, encontrara la solución a la problemática que acaba con unos y hace ricos y poderosos a otros, contaminando al país con un flagelo de mil cabezas. Y es que no es más ni menos que la sumatoria del terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, aliñada por la malévola intromisión de transitorios gobernantes, alejados de la realidad de sus países, el monstruo de mil cabezas que hoy, la juventud colombiana está dispuesta a contribuir para exterminarlo. Las razones son categóricas: se cansaron de ver acumular una deuda social que tienen que pagar sin haber recibido ningún beneficio; se fastidiaron de la incomodidad por no poder disfrutar en armonía del país en el cual les correspondió evolucionar y ser adultos de bien. Ellos rompieron esa brecha generacional, en fecha inolvidable, y, de la mano de nosotros los mayores, enviaron un mensaje sencillo, claro, hasta humilde y con amor a todos los involucrados en el conflicto para que se oyera en todos los rincones de la tierra:
¡Arreglen esto, que no están solos, estamos los jóvenes ¡
Que buena onda chinos…

José Vicente Mogollón C.
* Ésta nota fue escrita el 5 de febrero de 2008