REELECIÓN...DESINFORMACIÓN...OBJETIVIDAD...
Como en muchos países, en el nuestro, impera el desconocimiento de la norma de normas, factor que es aprovechado por tirios y troyanos cuando del pueblo surge idea alguna que no haya sido consultada y bendecida por las clases dominantes del país. Florecen por doquier los especialistas cuyos comentarios desinforman y tienden a confundir al ciudadano de a pie. A aquel que sólo le bastaría hacer un repaso por nuestra Carta Magna para encontrar las bondades que le ofrece y que algunos, con sus comentarios tendenciosos, buscan confundirlo y desorientarlo y, de paso a la ciudadanía en general.
Nuestra Constitución Política consagra que somos un Estado de derecho; una Republica democrática donde prevalece el interés general. El derecho a presentar peticiones a las autoridades, a tomar parte en todas las formas de participación democrática y, tener iniciativa en las corporaciones públicas, está garantizado. Entre los deberes y obligaciones que tenemos está, el de participar en la vida política, cívica y comunitaria del país. Fue sabio el legislador cuando autorizó la participación democrática mediante el accionar de varios mecanismos. Y a uno de esos mecanismos, la iniciativa popular legislativa, reglamentada por la Ley 134 de 1994, acudió un grupo de ciudadanos para presentar un proyecto de Acto Legislativo ante el Congreso de la República para que sea debatido, aprobado, modificado o negado. Este proceso de reforma constitucional busca que el Artículo 197 constitucional no sea restrictivo y que un presidente de la Republica pueda ser elegido por más de dos veces. Y justamente aquí es donde se disparan las alarmas y aparecen columnistas, comentaristas, políticos, detractores del actual gobierno y muchos opinadores oportunistas que, haciendo aseveraciones infundadas, aseguran que el gobierno se desestabilizará; que el primer mandatario se quiere perpetuar en el poder, que quiere volverse un dictador. Muchos recurren al improperio para manifestarse en contra de lo que denominan desde ya una inoportuna reelección presidencial al sentir que la hecatombe se les vino encima.
No señores. Esta es la inquietud de unos ciudadanos que acuden al mecanismo constitucional de la iniciativa popular para reformar un artículo que permita a un primer mandatario proyectar en el tiempo planes y propósitos para un continuo desarrollo del país. Y será, al final, el ciudadano – al que hoy sin éxito pretenden confundir - quien elija o reelija sus gobernantes.
Ha evidenciado el pueblo y particularmente los jóvenes, dinámicos e irreverentes que decidieron en días pasados romper el circulo vicioso de la indiferencia y la pasividad de nosotros los mayores, que la demostración de madurez expresada permitirá que las determinaciones que tomará en las urnas serán responsables y, que en un país donde no hay que pedir permiso para hacer política y en el cual tampoco existe lugar vedado para ejercerla, acudirá al mecanismo constitucional de la revocatoria del mandato si el elegido no responde a las expectativas de su discurso.
Basta de alarmarse y, que sirva esta iniciativa popular como incentivo a todos aquellos que quieran emular al único potencial candidato - que hoy se encuentra inhabilitado para presentarse a una nueva elección – para que expresen sus propósitos ante un pueblo que llega a la mayoría de edad política y que ha recibido una lección de gobierno, que le permitirá sopesar las iniciativas y promesas por escuchar para decidirse por una mejor opción.
Entonces señores, no queda otra alternativa que dedicarse a planear estrategias para evitar la hecatombe, que no es propiamente la iniciativa popular legislativa, presentándole al pueblo colombiano unas propuestas serias y posibles para los tiempos venideros que todos anhelamos prósperos y en paz.
* Éste artículo fue escrito cuando se empezaba la recolección de firmas para presentar un proyecto de Acto Legislativo y el Presidente hablaba de hecatombe.
José Vicente Mogollón
Como en muchos países, en el nuestro, impera el desconocimiento de la norma de normas, factor que es aprovechado por tirios y troyanos cuando del pueblo surge idea alguna que no haya sido consultada y bendecida por las clases dominantes del país. Florecen por doquier los especialistas cuyos comentarios desinforman y tienden a confundir al ciudadano de a pie. A aquel que sólo le bastaría hacer un repaso por nuestra Carta Magna para encontrar las bondades que le ofrece y que algunos, con sus comentarios tendenciosos, buscan confundirlo y desorientarlo y, de paso a la ciudadanía en general.
Nuestra Constitución Política consagra que somos un Estado de derecho; una Republica democrática donde prevalece el interés general. El derecho a presentar peticiones a las autoridades, a tomar parte en todas las formas de participación democrática y, tener iniciativa en las corporaciones públicas, está garantizado. Entre los deberes y obligaciones que tenemos está, el de participar en la vida política, cívica y comunitaria del país. Fue sabio el legislador cuando autorizó la participación democrática mediante el accionar de varios mecanismos. Y a uno de esos mecanismos, la iniciativa popular legislativa, reglamentada por la Ley 134 de 1994, acudió un grupo de ciudadanos para presentar un proyecto de Acto Legislativo ante el Congreso de la República para que sea debatido, aprobado, modificado o negado. Este proceso de reforma constitucional busca que el Artículo 197 constitucional no sea restrictivo y que un presidente de la Republica pueda ser elegido por más de dos veces. Y justamente aquí es donde se disparan las alarmas y aparecen columnistas, comentaristas, políticos, detractores del actual gobierno y muchos opinadores oportunistas que, haciendo aseveraciones infundadas, aseguran que el gobierno se desestabilizará; que el primer mandatario se quiere perpetuar en el poder, que quiere volverse un dictador. Muchos recurren al improperio para manifestarse en contra de lo que denominan desde ya una inoportuna reelección presidencial al sentir que la hecatombe se les vino encima.
No señores. Esta es la inquietud de unos ciudadanos que acuden al mecanismo constitucional de la iniciativa popular para reformar un artículo que permita a un primer mandatario proyectar en el tiempo planes y propósitos para un continuo desarrollo del país. Y será, al final, el ciudadano – al que hoy sin éxito pretenden confundir - quien elija o reelija sus gobernantes.
Ha evidenciado el pueblo y particularmente los jóvenes, dinámicos e irreverentes que decidieron en días pasados romper el circulo vicioso de la indiferencia y la pasividad de nosotros los mayores, que la demostración de madurez expresada permitirá que las determinaciones que tomará en las urnas serán responsables y, que en un país donde no hay que pedir permiso para hacer política y en el cual tampoco existe lugar vedado para ejercerla, acudirá al mecanismo constitucional de la revocatoria del mandato si el elegido no responde a las expectativas de su discurso.
Basta de alarmarse y, que sirva esta iniciativa popular como incentivo a todos aquellos que quieran emular al único potencial candidato - que hoy se encuentra inhabilitado para presentarse a una nueva elección – para que expresen sus propósitos ante un pueblo que llega a la mayoría de edad política y que ha recibido una lección de gobierno, que le permitirá sopesar las iniciativas y promesas por escuchar para decidirse por una mejor opción.
Entonces señores, no queda otra alternativa que dedicarse a planear estrategias para evitar la hecatombe, que no es propiamente la iniciativa popular legislativa, presentándole al pueblo colombiano unas propuestas serias y posibles para los tiempos venideros que todos anhelamos prósperos y en paz.
* Éste artículo fue escrito cuando se empezaba la recolección de firmas para presentar un proyecto de Acto Legislativo y el Presidente hablaba de hecatombe.
José Vicente Mogollón

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