POR: José Vicente Mogollón
La radio en Colombia y particularmente en Bogotá, es el medio de comunicación que informa, distrae y entretiene a un público heterogéneo. Escuchar una emisora es una práctica que deja ser rutinaria en la medida que pasan las horas, llega la noche y se cambia por tele noticieros y telenovelas.
La radio cambia paulatinamente de oyentes. La variedad en la programación se acomoda al perfil del radioescucha, que disfruta programas musicales, noticiosos, de opinión o deportivos, de regreso a casa.
Para otros, aquellos que salen del hogar y empiezan su jornada laboral, la programación radial es otra. La radio nocturna permite, en algunas emisoras, escuchar disímiles historias de mujeres y hombres, que sumidos en la clandestinidad y la privacidad cuentan de sus furtivos amoríos, de sus penas o alegrías y hablan, en ocasiones, de su única compañía: la soledad. Dejan testimonio de su vida para ejemplo del oyente. Algunos salen del clóset, escapando luego en la lobreguez para no ser detectados. Son almas que encuentran en la exteriorización de su condición la terapia apropiada que hará que su carga emocional sea más llevadera al compartirla con sus invisibles y expectantes invitados.
Programas con secciones de mensajes y reprimidas emociones, dirigidas a los privados de la libertad, son obligados espacios que acercan a secuestrados y familiares, y que se convierten en la única forma de intentar una comunicación con incierta respuesta.
La música popular, de despacho o vallenata, permite que humildes celadores, que velan el sueño de quienes descansan, superen la pesadez de su cabeza, dominada por la vigilia y el cansancio de una jornada que amenaza terminar con el nuevo amanecer.
Son los brujos, magos, hechiceros, numerólogos, yerbateros y similares, los encargados de enviar, en un lenguaje particular, rebuscado e incoherente, mensajes de sanación, prosperidad y solución a los problemas de quienes no conciliaron el sueño o de aquellos que dejan, todavía en la oscuridad, sus hogares o sitios de trabajo, para cambiar de rutina.
Los mensajes de paz y esperanza, difundidos por emisoras religiosas, son el incentivo, la fuerza de motivación, para que pecadores o libres de pecado, inicien un nuevo día dedicándolo al Creador.
Yo disfrutaré la radio de éste día, en espera a la que llega con la noche, que es compañía, pero, sobre todo…cómplice. ¿También de usted?
La radio en Colombia y particularmente en Bogotá, es el medio de comunicación que informa, distrae y entretiene a un público heterogéneo. Escuchar una emisora es una práctica que deja ser rutinaria en la medida que pasan las horas, llega la noche y se cambia por tele noticieros y telenovelas.
La radio cambia paulatinamente de oyentes. La variedad en la programación se acomoda al perfil del radioescucha, que disfruta programas musicales, noticiosos, de opinión o deportivos, de regreso a casa.
Para otros, aquellos que salen del hogar y empiezan su jornada laboral, la programación radial es otra. La radio nocturna permite, en algunas emisoras, escuchar disímiles historias de mujeres y hombres, que sumidos en la clandestinidad y la privacidad cuentan de sus furtivos amoríos, de sus penas o alegrías y hablan, en ocasiones, de su única compañía: la soledad. Dejan testimonio de su vida para ejemplo del oyente. Algunos salen del clóset, escapando luego en la lobreguez para no ser detectados. Son almas que encuentran en la exteriorización de su condición la terapia apropiada que hará que su carga emocional sea más llevadera al compartirla con sus invisibles y expectantes invitados.
Programas con secciones de mensajes y reprimidas emociones, dirigidas a los privados de la libertad, son obligados espacios que acercan a secuestrados y familiares, y que se convierten en la única forma de intentar una comunicación con incierta respuesta.
La música popular, de despacho o vallenata, permite que humildes celadores, que velan el sueño de quienes descansan, superen la pesadez de su cabeza, dominada por la vigilia y el cansancio de una jornada que amenaza terminar con el nuevo amanecer.
Son los brujos, magos, hechiceros, numerólogos, yerbateros y similares, los encargados de enviar, en un lenguaje particular, rebuscado e incoherente, mensajes de sanación, prosperidad y solución a los problemas de quienes no conciliaron el sueño o de aquellos que dejan, todavía en la oscuridad, sus hogares o sitios de trabajo, para cambiar de rutina.
Los mensajes de paz y esperanza, difundidos por emisoras religiosas, son el incentivo, la fuerza de motivación, para que pecadores o libres de pecado, inicien un nuevo día dedicándolo al Creador.
Yo disfrutaré la radio de éste día, en espera a la que llega con la noche, que es compañía, pero, sobre todo…cómplice. ¿También de usted?

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