
POR: José Vicente Mogollón
Constancia de asistencia a una audiencia… ¿De control de Garantías?
Dos desorientados jóvenes fueron sorprendidos, según versión de miembros de la Policía Nacional, cometiendo un delito en la zona roja de un sector muy complejo de la ciudad capital. Conducidos a la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía, ingresaron a frías celdas donde rodeados de borrachos y otros sindicados, pasaron el día. Durante la noche intercambiaron experiencias y planearon una defensa con la argumentación suficiente para convencer de su inocencia al administrador de justicia que conocería de su caso y obtener de él una determinación, la más favorable posible, durante la audiencia de control de garantías.
Pendientes del transcurrir de las horas, con la esperanza de cumplir el tiempo necesario para lograr la libertad sin audiencia, fueron sorprendidos por la orden de conducción al recinto, donde junto al fiscal, al juez y a un defensor, se inicio la sesión durante la cual el público se informa, distrae o entretiene con el relato pormenorizado de los hechos que pretenden ser analizados para determinar si la norma penal fue transgredida.
En el rostro de los sindicados se refleja el cansancio de una mala noche y su angustia se manifiesta aun más cuando escuchan que en nombre del Estado se administrará justicia. El mismo Estado que los ha marginado, que no les ha brindado garantías ni oportunidades de trabajo ni educación, hoy los juzga, empleando toda su potestad, personificada en una acuciosa fiscal que escudriña entre líneas el artículo, la palabra, el inciso o, como dicen los entendidos, el verbo rector, que permita encontrar el dolo en la acción analizada para demostrar la culpabilidad y justificar la marginación de la sociedad y el sometimiento a la sombra de los supuestos delincuentes.
Elocuentes intervenciones, de rebuscado lenguaje, son escuchadas por los implicados a quienes unas pocas preguntas, cuyas respuestas han sido acordadas previamente con el defensor público, determinarán la inocencia o culpabilidad en la participación del supuesto delito.
El tiempo apremia y las estadísticas no dan espera. El resultado debe dejar satisfechas las partes. La acción de estos dos jóvenes, que no tienen claro su norte, es calificada un delito, a estas horas - y por la conveniencia mutua - ya confeso. La fiscal, especialista en gazapos judiciales, suma para sí y para su mandante, el Estado, un caso positivo. La juez, fría en su proceder, generosamente alimenta su conciencia con la convicción de haber aplicado correctamente la justicia. El defensor, quien fungió como soterrado cómplice de acusados y acusadores, se salio con la suya: le dio la razón a todos. Acomodó la normatividad a las circunstancias de tiempo y lugar y, se convirtió en un amigable componedor. La justicia le quedará debiendo su actuación y él a la universidad la atención.
El público expectactante, pero sobre todo curioso, partió a continuar su caminar terrenal sin satisfacer su morbosa curiosidad. Levanto velas al disfrute del espléndido regalo de la época estival de, la todavía, media mañana. A nosotros ésta experiencia nos dejó con la ratificación de lo que se escucha a diario en las calles, tabernas y cafetines: en éste país si hay justicia, pero no en el entendido que a todos se les debe dar en proporción a lo que merecen. En ésta audiencia se garantizó que en Colombia no existe la justicia justa, ni la justa justicia.
Sépase que el proceso, como ésta crónica…continuará…Un día se impartirá justicia en Colombia…ese día…ésta será una crónica.
Pendientes del transcurrir de las horas, con la esperanza de cumplir el tiempo necesario para lograr la libertad sin audiencia, fueron sorprendidos por la orden de conducción al recinto, donde junto al fiscal, al juez y a un defensor, se inicio la sesión durante la cual el público se informa, distrae o entretiene con el relato pormenorizado de los hechos que pretenden ser analizados para determinar si la norma penal fue transgredida.
En el rostro de los sindicados se refleja el cansancio de una mala noche y su angustia se manifiesta aun más cuando escuchan que en nombre del Estado se administrará justicia. El mismo Estado que los ha marginado, que no les ha brindado garantías ni oportunidades de trabajo ni educación, hoy los juzga, empleando toda su potestad, personificada en una acuciosa fiscal que escudriña entre líneas el artículo, la palabra, el inciso o, como dicen los entendidos, el verbo rector, que permita encontrar el dolo en la acción analizada para demostrar la culpabilidad y justificar la marginación de la sociedad y el sometimiento a la sombra de los supuestos delincuentes.
Elocuentes intervenciones, de rebuscado lenguaje, son escuchadas por los implicados a quienes unas pocas preguntas, cuyas respuestas han sido acordadas previamente con el defensor público, determinarán la inocencia o culpabilidad en la participación del supuesto delito.
El tiempo apremia y las estadísticas no dan espera. El resultado debe dejar satisfechas las partes. La acción de estos dos jóvenes, que no tienen claro su norte, es calificada un delito, a estas horas - y por la conveniencia mutua - ya confeso. La fiscal, especialista en gazapos judiciales, suma para sí y para su mandante, el Estado, un caso positivo. La juez, fría en su proceder, generosamente alimenta su conciencia con la convicción de haber aplicado correctamente la justicia. El defensor, quien fungió como soterrado cómplice de acusados y acusadores, se salio con la suya: le dio la razón a todos. Acomodó la normatividad a las circunstancias de tiempo y lugar y, se convirtió en un amigable componedor. La justicia le quedará debiendo su actuación y él a la universidad la atención.
El público expectactante, pero sobre todo curioso, partió a continuar su caminar terrenal sin satisfacer su morbosa curiosidad. Levanto velas al disfrute del espléndido regalo de la época estival de, la todavía, media mañana. A nosotros ésta experiencia nos dejó con la ratificación de lo que se escucha a diario en las calles, tabernas y cafetines: en éste país si hay justicia, pero no en el entendido que a todos se les debe dar en proporción a lo que merecen. En ésta audiencia se garantizó que en Colombia no existe la justicia justa, ni la justa justicia.
Sépase que el proceso, como ésta crónica…continuará…Un día se impartirá justicia en Colombia…ese día…ésta será una crónica.

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